
Las series de terror empiezan a copar el catálogo de la plataforma de streaming estadounidense llenado el vacío de este género en la cartelera actual. No es de extrañar que dado el éxito de series como The Haunting of hill House, La Maldición de Bly Manor o Misa de Medianoche, la empresa estadounidense invierta en generar más contenido similar. Una apuesta para nada arriesgada por parte de Netflix que se traduce en una de las series más bien valoradas del surtido actual.
Una trama simple que en dos líneas temporales va contando simultáneamente los hechos actuales con otros acontecidos en el ya destruido edificio Visser a medianos de los noventa. En la actualidad conoceremos a Dan, un archivista especializado en la restauración de cintas magnéticas, quién será contratado por el empresario Virgil Davenport para que restaure una serie de cintas Hi8. Estas contienen las grabaciones en bruto de la tesis de Melody, una misteriosa chica, quién está desaparecida desde el incendio que terminó con el Visser en 1994. Así pues, en cada episodio Dan restaurará una cinta y veremos a modo de flashback un parte de los días que Melody vivió el creepy edificio. No tardaremos en descubrir que estos dos personajes, aún estando separados por años de distancia, están más unidos de lo que parece.
La serie nos trae un terror pausado, sin sobresaltos ni demasiados jumpscares, donde la tensión de las escenas y las situaciones que viven los personajes son más que suficientes para mantener angustiado al espectador. La incertidumbre sobre lo sucedido a Melody y los hechos de su desaparición, el foot montage de algunas escenas restauradas de los Hi8 y el poco respeto a la integridad personal que parecen tener los protagonistas son las claves del horror que maneja esta serie. No en vano el principal pensamiento que recorrerá tu mente viendo Archivo 81 será: “¡Por Dios Melody! ¡Sal de ahí!”.
Archivo 81 es el primer trabajo como showrunner de Rebecca Sonnenshine quién hace poco pudimos ver guionizando gran parte de la segunda temporada de The Boys. Esta falta de experiencia se hace palpable en un guión que avanza a trompicones, sobretodo el tramo final con algún que otro Fiat, y con una construcción de personajes algo difusa. Esto último destaca enormemente en el personaje de Virgil a quién, en un intento de mantener el misterio sobre sus intereses, veremos cambiar de actitud sin razón aparente causando la sensación de que nadie del equipo de guionistas tenía claro que hacer con él. Esto no desluce el resultado final que, a fin de cuentas, mantiene una calidad más que buena en cada uno de sus episodios y termina proporcionándonos una serie de terror sin muchas pretensiones que cumple con lo prometido.