Ha llegado a su fin la primera temporada de la serie precuela del señor de los anillos: Los anillos de poder. A diferencia de lo que cabria esperar, esta superproducción no ha seguido persiguiendo sus errores hasta los últimos minutos del capítulo de cierre. Los mismos tropos que ya se vieron en sus primeros episodios se siguen repitiendo como una infección que recorre la serie entera. Pero, a diferencia de sus inicios, esta segunda mitad consigue convencer al espectador de la profundidad de alguno de sus personajes, llegando a crear cliffhangers con sentido y haciendo más ligera la lentitud de su guion.

El quinto episodio es totalmente olvidable y, en un marco más general con respeto a la serie completa, es imposible discernir ningún punto de inflexión o desarrollo de la trama ocurrido en él. En pocas palabras, no sucede nada importante y aburre más a cada minuto que sucede. Sigue cometiendo los errores de los capítulos anteriores y siembra la duda de si la serie tiene redención a estas alturas.

Por suerte, esta dolencia que arrastra desde el primer episodio termina en parte en el sexto. En él se desata una batalla bastante bien llevada en términos generales. Las coreografías de combate están conseguidas y algunas escenas tienen detrás buenas ideas, aunque no siempre bien llevadas (como  el combate élfico de capoeira). Cierto es que también se pierde en los detalles, haciendo que el resto de personajes no involucrados  en la contienda queden en un muy lamentable segundo plano durante todo el capítulo.

Los siguientes dos, y últimos, episodios mejoran considerablemente la fluidez de la narrativa y consiguen que la serie deje de ser un muermo. Los avances en la trama se suceden con gracia y llegan a atrapar al espectador más desilusionado. La mejora en el guion y en la dirección es tal, que llega hasta el punto de redimir la serie entera. Posiblemente, solo por la conclusión de la temporada, ya queda compensado su estrepitoso inicio.

Tras la batalla de los orcos contra el pueblo de las tierras del sur, la serie hace bien en no seguir desarrollando la historia del elfo Arondir que, si ya de por sí no era demasiado interesante, ahora ya carecía de sentido y solo lastraba el resultado. Sumado a esto, la trama de los pelosos sigue siendo el punto más débil de todo lo acontecido y parece una introducción a la siguiente temporada más que algo que fuese necesario contar ahora. Por suerte, las historias de Galadriel y Elrond consiguen enlazarse con cierto sentido y sin parecer forzado y terminan trayendo el clímax final de la temporada de forma natural y atractiva.

La dirección de arte sigue siendo el punto fuerte de la serie. Los detalles de vestuario, los decorados y la escenografía siguen manteniendo el nivel de los primeros episodios. El derroche de medios por parte de Amazon es apreciable tanto en las escenas de interiores, llenas de referencias y easter eggs, como en los planos generales llenos de CGI. Una calidad indiscutible de la serie que, de no tener, no conseguiría transmitir el mismo impacto en la historia que quiere contar.

Los anillos del poder ha resultado ser un producto a medio cocer. Tiene sus luces y sus sombras, pero, a grandes rasgos, se deja disfrutar. Sus primeros compases son terriblemente tediosos y el guion parece dar palos de ciego sin saber que quiere contar. En su tramo final, con las ideas lentamente asentadas, y justo después del destacable acontecimiento bélico de mitad de temporada, cobra fuerzas y termina por todo lo alto. Con este inicio, la serie parte de una buena base para empezar su segunda temporada.