Después de recobrar energías tras unos días de descansar muy poco y a destiempo, hoy toca volver a las salas de Sitges con calma, pero sin pausa. Un día más relajado donde, aprovechando que el festival llega a su mitad, hacer una pequeña valoración. Con un café en la mano y un bocadillo en la otra, llego a la sala Retiro donde tengo la primera película del día.

Dario Argento vuelve un año más con Occhiali neri, un giallo clásico como los de antaño. Esta última producción del director italiano es de largo lo peor que ha hecho en años. El guion es inconsistente, los errores de racor son espeluznantes y las escenas de tensión resultan cómicas a varios niveles, y ninguno bueno. Un fracaso con todas las letras que llenaba la sala de carcajadas con cada escena ridícula. Salgo del cine con la primera gran decepción del festival.

La siguiente sesión a la que asisto es el pase de Emergency declaration, dirigida por Han Jae-rim. Una película de acción e investigación policíaca donde un terrorista libera un virus letal en un avión comercial lleno de pasajeros inocentes. Ante el alto nivel de contagio de la enfermedad mortal, no es seguro para ningún país dejar aterrizar el avión en su territorio y el combustible, lentamente, va llegando a su fin. La tensión es constante a lo largo de las más de dos horas que dura la obra, aunque llegando a su parte final se le deben hacer varias concesiones al guion para no salir con la sensación de que con menos podrían haber hecho más.

Aprovechando la tarde, visito las exposiciones que hay repartidas por la ciudad. Todo Sitges se disfraza esta semana y las tiendas y restaurantes decoran cada escaparate y rincón como si de halloween se tratase. En el Meliá se encuentra el photocall principal, mientras que delante del cine Prado hay varias esculturas donde los visitantes hacen cola para hacer sus fotos. Escondido cerca de la playa, se halla la exposición creada por Anomalia arte & fx, donde se exhiben reproducciones de objetos malditos de películas.

Con la noche llega la última película del día. Incroyable mais vrai de Quentin Dupeiux es una película que no deja indiferente. Con el marcado estilo de guion y fotografía del director francés, Incroyable mais vrai trata la búsqueda de la felicidad individual y como, muy a nuestro pesar, en ocasiones esto puede romper una relación de años. El surrealismo y la cotidianidad se dan la mano en esta obra sobre el egoísmo. Un éxito más en la filmografía del director.

Saliendo de la sala, las opiniones que se oían por los pasillos del cine sobre esta última película eran más que variados. Aun así, la opinión general siempre era la misma, su anterior largometraje, Mandíbulas, estrenado en Sitges el año pasado, es claramente mejor en muchos aspectos. Mañana se proyecta otra nueva película de Dupeiux. ¿Será el público tan duro con ella?