
Aunque el día de ayer terminó realmente bien, el balance del festival este año no es positivo y espero que cambie en los próximos días. Además, hoy es la zombie walk, o dicho de otro modo, el día en que no se puede ni pasear por Sitges sin tener que darte codazos para pasar. Sumado a esto, a la muchedumbre sudada con la cara de rojo y prótesis de látex, el sol sigue con su ímpetu de querer abrasar la ciudad intentando derretir hasta las piedras.
Por suerte, por la mañana, toda esta gente aún no se ha movilizado y uno puede ir tranquilamente al Retiro a ver Sleep, del coreano Jason Yu, uno de los platos fuertes del festival. Veremos una historia sobre la degradación de un matrimonio a causa de los preocupantes brotes de sonambulismo que el marido ha empezado a tener. La escalada en la tensión está llevada con toda la delicadeza necesaria para no parecer precipitada ni dormir al personal de la sala con monótonas escenas de familia. La recta final es una delicia de giros e incertidumbre que te atrapa para ver su desenlace.
Al salir las cosas ya han empezado a llenarse. Las casetas de maquillaje, preparadas para recibir a todo el mundo que reserve plaza, abren a las 12 y ya de mucho antes hay gente haciendo cola para terminar disfrazado de muerto viviente. Esta actividad atrae a tanta gente que, de forma paradójica, las salas están prácticamente vacías todo el día y las calles a rebosar, aunque la cosa cambia al ponerse el sol.
Entro a Vincent debe morir huyendo de las hordas de gente con la cara pintada y las ropas rasgadas. La película cuenta con una propuesta interesante a medio camino entre Mom and dad, de Brian Taylor, protagonizada por Nicolas Cage, y Birdbox de Susanne Bier, con Sandra Bullock. Lo que empieza como una comedia con toque de humor se va volviendo más oscura y reflexiva hasta pincelar un drama de magnitudes apocalípticas. La obra cuenta, y se nota, con un presupuesto limitado, haciendo de algunas escenas una parodia de lo que se intentaba. Aun así, tiene su calidad y se disfruta sin problemas.
En la misma sala Tramuntana, empalmo sesiones con Late night with the devil de los hermanos australianos Cameron y Colin Cairnes. En un late night de los 70’s, durante la noche de Halloween, los sucesos paranormales se van sucediendo en un viaje al caos y la locura para el presentador y sus colaboradores. La factura técnica y el guion son geniales, rozando lo perfecto, y los recursos a nivel de edición, separando las secciones del show, las alucinaciones y demás, son una maravilla. No puedo más que recomendarla efusivamente.
Terminando el día, más el de hoy, toca ver la sesión especial de zombies con dos películas: All you need is blood y we are zombies. No voy a detenerme ni un minuto en hablar de estas, porque, simplemente, no se lo merecen. Ni su argumento, ni guion, ni dirección, ni actuación, … nada vale su mención. Al terminar la primera ya quedaba un cuatro del público y desconozco cuanta gente acabó la segunda: yo no.
El frío de la noche se ha llevado a toda la gente a sus casas y esta última sesión ha fusilado todas mis fuerzas. Mañana más y espero que mejor.