
El segundo café de la mañana consigue despertarme lo suficiente como para llegar a Sitges antes del mediodía. Las calles, un páramo sin gente después del apocalipsis zombie de ayer. Rebuscando entre las callejuelas del centro, encuentro donde comer antes de encerrarme hasta pasadas las 12 de la noche en la sala Retiro. Hoy tocan cuatro sesiones consecutivas non-stop en las que tengo mucha fe puesta.
La tarde empieza con Apéndice, de Anna Zlokovic. Una chica empieza a sufrir unos dolores punzantes en su abdomen, justo donde tiene una marca de nacimiento. Estos irán a más hasta que una noche, de su cuerpo aparece un ser que le habla y la martiriza, un apéndice. Aunque la historia podría haber sido un poco más fluida y algo más salvaje, consigue atraparte en la incertidumbre sobre el funesto destino que le espera a su protagonista. Lástima que tampoco se termine de profundizar en el propio apéndice de esta, ya que hubiese sido muy interesante comparar los dos personajes en situaciones similares con más detalle y no solo la visión general que se da.
Con solo media hora de espera, empieza Brooklyn 45. Esta película es el claro ejemplo de buena idea mal llevada. Cinco amigos se reúnen tras la guerra para realizar una sesión de espiritismo y las cosas salen mal. Durante dicha sesión, se irán revelando mentiras y secretos entre ellos que llevarán la tensión al límite. Sobre el papel, la cosa funciona, pero en pantalla se hace lenta y pesada hasta decir basta. O solo empezar estás muy metido en las rencillas de los personajes o la hora y media que dura se te hace muy cuesta arriba.
Sin salir de la sala siquiera, empieza The Roundup: no way out, la tercera entrega de The outlaws, que es tan buena, o más, que las dos anteriores. Un policía poco convencional investigará una red de tráfico de drogas en la ciudad. Hasta aquí todo normal, pero resulta que la película está protagonizada por Ma Dong-seok, el actor coreano de acción del momento. Con un humor muy característico, solucionando todo a bofetadas, esta película se posiciona como una de las mejores en el género de acción de este año.
Y terminando el día, cuarta película consecutiva en la sala Retiro: El chico y la garza, de Hayao Miyazaki. Se trata de la última película del genio de la animación japonesa. Los elementos clásicos de sus otras obras se mantienen: la ambientación naturista, la arquitectura consumida por la vegetación, el protagonista joven, la anciana cabezona y la fantasía basada en el folclore japonés. Para los fans del artista japonés, una delicia sin duda, aunque cabe avisar que en este caso la historia es más bien lenta y que el trasfondo detrás de esta, la superación de la pérdida de su madre por parte un hijo, se queda corta entre tanta imaginación. Aun con eso, su calidad en cuanto a la animación es una locura.
Con un saldo en positivo, tres buenas películas de cuatro, no me puedo quejar. Momento de volver a la cama a recoger fuerzas para más cine, aunque ninguna de las de mañana las tengo en el top de mi lista. Habrá que ver para valorar.