
Hoy pongo fin a mi lista de títulos para este año. Una larga y extensa selección que he disfrutado y padecido a partes iguales. Con sus cosas buenas y malas e incluso con sus sorpresas. Aunque yo termino hoy el festival, este aún durará dos días más en los que las salas seguirán llenas de fanáticos del terror y la fantasía. Mi último café mañanero para llevar me acompaña camino a la sala Auditori en el hotel Melià donde culminaré mi estancia con tres películas, bien cómodo en sus butacas mullidas.
El día empieza con Riddle of fire de Weston Razooli, una historia de aventuras infantil con detalles muy de los Goonies, pero algo más azucarada. Grabada en Kodak de 16mm, su calidad e imagen nos traslada a esos juegos de cuando éramos pequeños y nos creíamos espías o superhéroes. La trama juega alrededor de tres niños que pretenden realizarle una tarta a su madre enferma y, como si de un videojuego se tratase, irán metiéndose en problemas hasta dar con unos cazadores furtivos bastante peligrosos. Modesta con el guion, pero tremendamente nostálgica.
Seguidamente, me veo Les chambres rouges de Pascal Plante. En ella seguimos a la modelo Kelly-Anne, interpretada por Juliette Gariépy, quien es una grupi de un asesino en serie. Plante nos muestra muy por encima lo que él cree que son estas fans de los serial killers y simplifica lo que estas sienten en dos arquetipos: una psicópata y una inocente engañada. La película carece de fuerza en ningún aspecto, a excepción de alguna escena suelta, y reduce a la mínima expresión los sentimientos de sus personajes. En la presentación del propio director antes del pase, este ya comentó que cuando se documentaba para la obra le impactó lo que encontró, pues parece que lo que vio no lo quiso mostrar.
Y termino el festival (se me cae la lagrimita) con una apuesta segura: Takashi Miike con su nueva película, Lumberjack the monster, en este estreno mundial. Con un Miike contenido en sus imágenes más morbosas, veremos a Akira Ninomiya interpretado por Kazuya Kamenashi, un abogado psicópata y asesino que será perseguido por un enigmático y disfrazado cazador de criminales. El arranque es tremendo, lleno de acción y sorpresas, y consigue mantenerte enganchado a la trama para después bajar el ritmo y plantear temas morales interesantes en la historia. ¿Hasta qué punto está mal matar a asesinos que salen impunes y que repetirán sus fechorías? La respuesta la tiene Miike.
Aunque el día se ha hecho corto comparado con otros donde me he visto muchas más películas, cierro contento el festival. Mañana tocará hacer balance de lo visto y estar atento al palmarés y la entrega de premios. Un año con altibajos en la calidad, pero con muy buenas obras escondidas entre el catálogo.