Este día no solo prometía ofrecer una variada selección de películas, sino también uno de los eventos más esperados por los asistentes: la Sitges Zombie Walk. El ambiente del festival estaba en su máximo esplendor, con calles llenas de muertos vivientes maquillados para la ocasión. Pero antes de sumergirme en la marcha zombie, tocaba comer para recuperar fuerza de la noche anterior.

Al mediodía empecé con MadS, de David Moreau, que presenta una historia de infecciones que sigue la tradición del género zombi, pero su verdadero mérito está en su ejecución técnica. La película está grabada en una única toma continua, lo que le da una sensación de tensión constante. Este enfoque, sin embargo, trae sus problemas: en varios momentos la pantalla se vuelve confusa, con imágenes borrosas o completamente oscuras, lo que puede ser molesto. Aun así, para los fans de los zombis (o más bien de los infectados), es una propuesta sólida, que destaca por la creatividad detrás de su realización.

Este día no habría estado completo sin la emblemática Sitges Zombie Walk, que una vez más inundó las calles del pueblo con muertos vivientes. Desde las 12:00h, se ofreció maquillaje gratuito para los participantes en diferentes puntos del festival, con largas colas de gente ansiosa por convertirse en los zombis más aterradores. La marcha comenzó a las 20:30h desde la Avenida Balmins, y fue todo un espectáculo ver a cientos de personas recorriendo las calles como si formaran parte de una invasión apocalíptica.

El evento se ha consolidado como uno de los puntos fuertes del festival, ofreciendo una experiencia inmersiva no solo para los participantes, sino también para el público que asistió a presenciar la caótica y divertida invasión zombie. Con maquillaje impresionante y una energía contagiosa, la Zombie Walk de este año contó con la participación de Prime Video que anunciaba Apocalipsis Z, su nueva propuesta en el género.

En mi opinión, tras años de ver este evento, me sigue pareciendo impresionante la de gente que atrae, pero le falta algo. Solo ver gente andando vestida con ropas rasgadas y sangre falsa, se me queda corto. A ver si en futuras ediciones añaden algo más que una simple manifestación de cosplay.

Cayó el sol y llegó el momento de entrar a Exhuma en el Auditori. La propuesta de Jang Jae-hyun, fue, sin duda, la joya del día, o incluso de todo el festival. Esta obra trata de una investigación paranormal cargada de elementos sobrenaturales que mantienen al espectador pegado a la pantalla desde el principio. Los giros de guion están bien ejecutados, y el ritmo ágil convierte la película en una experiencia cautivadora. Aunque no es una película para todos, especialmente para aquellos poco familiarizados con la mitología asiática, logra llevar de la mano al espectador a través de un mundo oscuro y fascinante, lleno de supersticiones y creencias ancestrales. Hasta ahora, es lo mejor que he visto en el festival.

Tras esta le llegó el turno a Basileia, de Isabella Torre. La película, que se adentra en el folk horror, se mueve con una pasividad casi irritante, y aunque visualmente es atmosférica, la falta de diálogos y acción real la convierte en una prueba de paciencia. El terror es sugerido y apenas se desarrolla, lo que requiere un alto nivel de atención para no desconectarse. Una experiencia densa que, si bien tiene sus momentos, puede no ser del agrado de todos. Es la definición de cine pausado, pero su lentitud puede resultar agotadora.

No podía terminar la jornada sin intentar sobrevivir a otro de estos maratones infernalmente largos de tres películas que empiezan ya de madrugada.

La primera obra, Grafted, idea de Sasha Rainbow, sorprende por su calidad técnica. Los efectos visuales son resultones, y la dirección de arte está cuidada al detalle. Sin embargo, los personajes son planos, casi caricaturescos, y la trama se siente predecible desde el principio. El final es fácil de anticipar, y aunque la película resulta entretenida en su ejecución visual, carece de la profundidad necesaria para hacer de la historia algo memorable. Una obra que se disfruta por lo que se ve, más que por lo que cuenta.

La película de John Adams y Toby Poser, Hell Hole, fue la siguiente. Esta parte de una premisa interesante, inspirada claramente en The Thing de John Carpenter, pero su ejecución deja mucho que desear. El bajo presupuesto es evidente, y la película se siente más cercana a las producciones de The Asylum que a una obra de terror seria. Los efectos y el desarrollo de la trama no consiguen transmitir la tensión que el argumento prometía. Tristemente, una película que parecía tener potencial, pero que se quedó en el intento, aunque, incomprensiblemente, en la sala se escuchaban risas y aplausos. Seguro que eran fruto del cansancio.

Sin fuerzas para terminar con la tercera película, Dark Match, tocaba volver a la cama para seguir mañana con más propuestas. El tercer día fue uno de los más completos hasta ahora, con obras variadas y un evento icónico como la Zombie Walk que marcó el ritmo de la jornada. Un día lleno de entretenimiento y muchos, muchos zombis.