El sexto día del festival trajo una mezcla de emociones, con películas que fueron desde la sorpresa más agradable hasta la decepción más profunda. Las expectativas a veces se cumplen, otras veces se superan y, por desgracia, en ocasiones se derrumban.

Bien empezada la mañana tocaba la sesión despertador en el Prado. Bodegón con fantasmas, de Enrique Buleo, resultó ser la sorpresa española de este año. Una comedia negra con un humor sencillo pero bien ejecutado, y con una atención al detalle que le añade un toque especial. Aunque el marketing alrededor del filme, con personas disfrazadas de fantasmas con sábanas por todo el Meliá, pudo haber hecho más mal que bien a la película, en pantalla Bodegón con fantasmas destaca por su ingenio. Humor costumbrista que no se toma demasiado en serio, y que funciona de manera efectiva.

Tras correr a la siguiente sala, casi llego tarde a Strange Darling, de J.T. Mollner. Strange Darling fue, sin duda, la sorpresa del día y una de las mejores experiencias del festival. Contada de forma no cronológica, la película se apoya en este recurso para mantener la tensión y el interés, ofreciendo una serie de giros narrativos que juegan con las expectativas del espectador. La acción y el suspense están presentes en cada escena, y la trama hace que constantemente dudes de lo que crees saber. Es una película que te mantiene alerta y te sorprende a cada paso. Sin duda, una recomendación imperdible para los amantes del thriller.

Pero después de son grande películas tocaba una decepción. Things Will Be Different, de Michael Felker comenzó prometiendo una historia llena de bucles temporales y trampas de ciencia ficción, pero lo que entrega es más bien un drama familiar centrado en la relación entre los dos hermanos protagonistas. La parte de ciencia ficción no queda explicada ni mínimamente, y el final es un auténtico tiro en el pie para una historia que parecía ir hacia algo más ambicioso. La idea tenía potencial, pero se pierde en una ejecución que no sabe aprovechar el tema de los viajes en el tiempo, quedando como un mero recurso secundario que, sinceramente, se puede quitar sin afectar a lo que quiere contar.

Terminé el día, por suerte temprano, con 100 Yards  (Men qian bao di), de Xu Haofeng y Junfeng Xu. Una historia llena de combates de artes marciales con una trama centrada en el dominio de una escuela de kung fu, aunque lo que finalmente ofrece es una repetición de tópicos mal actuados y combates ridículos que están muy lejos del cine de artes marciales de calidad. La película, aunque visualmente bien producida (se nota que hay dinero detrás), se siente interminable con un duelo repetido entre los mismos dos personajes una y otra vez. A pesar de su puesta en escena y su presupuesto, 100 Yards no logra transmitir la adrenalina que uno espera de un título de estas características. Larga, lenta, y decepcionante en todos los aspectos.

El día empezó muy bien. Con dos grandes películas que no puedo más que recomendar, pero terminó torciéndose con dos “quiero y no puedo”. Realmente empiezo a pensar que cada día me encuentro lo mismo: alguna sorpresa que me mantiene con interés legítimo en la sala y un puñado de películas que me quedo sentado en la butaca esperando su redención antes de que se enciendan las luces. Aún quedan días para el cierre del festival, pero me huelo que la dinámica no va a cambiar.