Y ya comienza mi penúltimo día en el Festival de cine de Sitges. El cansancio acumulado se va notando y cada vez más me cuesta ver innovación en las tramas e historias. Estos últimos días, descartando algunas sorpresas, me ha parecido que realmente las películas no tenían nada nuevo que contarme y que solo eran buenas ideas sin buen desarrollo. Hoy toca buscar el resarcimiento del festival. Empiezo ya con la luna en el cielo, entrando en la sala Prado, de la que no saldré hasta mañana por la mañana.

Lo que más destaca de It Doesn’t Get Any Better Than This, de Rachel Kempf y Nick Toti, es su bajísimo presupuesto, que se refleja tanto en la pobre calidad visual como en las actuaciones, o mejor dicho, la falta de ellas. Rachel Kempf, quien además de codirigir actúa en el film, consigue que desees que su personaje sea eliminado de cada escena lo más rápido posible. La película, que adopta el formato de found footage, no consigue transmitir ni tensión ni miedo. Probablemente, habría sido más soportable si solo se tratara de una sucesión de torturas a Kempf durante 83 minutos. En resumen, un desastre en todos los sentidos. Vamos, es que no tiene ni un giro final conciliador con el espectador.

Y, tristemente, se viene mi último maratón infinito del festival: la nit + Killer. Tres películas que, empezando a la 1 de la madrugada, no creo que termine antes de las 6.

La primera, Jimmy & Stiggs, de Joe Begos, es el tipo de película que podría haber sido rodada en casa con un par de amigos y unos muñecos de goma que hacen de extraterrestres. Y de hecho es lo que es. La trama es lo de menos: un director de cine de terror venido a menos que se enfrenta a una invasión alienígena mientras está completamente drogado. El film es una excusa para ver muñecos ser disparados y litros de sangre fluorescente salpicando todo. Aunque carente de profundidad, Jimmy & Stiggs es lo que promete: macarra, divertida y llena de momentos que te arrancan una sonrisa. Cumple su cometido sin pretensiones, que, visto lo visto, ya es.

Le sigue Les pistolets en plastique (Plastic Guns), de Jean-Christophe Meurisse. La sorpresa de la noche. Plastic Guns es una comedia que, a pesar de comenzar a las 3 am, me mantuvo atento todo momento y con ganas de más, cosa que tiene su mérito. Llena de humor absurdo, la película juega con el concepto de cómo las cosas que damos por ciertas pueden llevarnos a situaciones ridículas, impulsadas por ideologías y prejuicios. Con un ritmo ágil y un guion ingenioso, esta cinta es un ejemplo de cómo el humor puede sostener incluso las ideas más descabelladas. Una película que se disfruta y que sorprende, y con la capacidad de mantenerte enganchado en plena madrugada y muerto de sueño.

El maratón termina con Krazy House, de Steffen Haars y Flip Van der Kuil. Se presenta como una telecomedia al estilo de The Fresh Prince of Bel-Air, pero con un toque ultracatólico. La idea del formato es ingeniosa y la actuación de Nick Frost, siempre convincente, le añade cierto peso al conjunto. Sin embargo, el resto de la película falla en casi todos los aspectos. La comedia no llega a funcionar, los personajes secundarios no aportan nada y la sátira que intenta hacer queda en un esfuerzo poco logrado. Una película más con potencial, pero que terminó por ser un fracaso en su ejecución.

Y así termina mi última noche en Sitges. Mañana cierro el festival con una última película y un repaso al palmarés, aunque dudo que vaya a sorprenderme después de lo visto por mí mismo y oído de compañeros del medio. Una pena terminar ya con estos diez días de puro cine, pero de momento toca volver a la cama que la triple sesión ha terminado cerca de la salida del sol y se nota.